Esta contracción sostenida no solo desgasta el esmalte dental, sino que también provoca dolor mandibular, cefaleas frecuentes, molestias cervicales e incluso alteraciones en la articulación temporomandibular (ATM).
09/04/2026 12:00
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El bruxismo, conocido comúnmente como el hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes, es un trastorno cada vez más frecuente en la población y estrechamente vinculado al estrés, la ansiedad y los ritmos acelerados de la vida moderna. Aunque muchas personas lo minimizan, sus consecuencias pueden afectar de forma profunda la salud bucal, el descanso y la calidad de vida.
Álvaro Ibáñez, director de la carrera de Odontología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) sostiene que: “el bruxismo no sólo afecta los dientes, afecta la vida, pero con el tratamiento adecuado se puede recuperar la tranquilidad, el sueño y, sobre todo, la salud”.
Desde el punto de vista clínico, Ibáñez aclara que “el bruxismo puede ser considerado como un trastorno del movimiento de la mandíbula. Se caracteriza por la compresión involuntaria de los músculos masticadores, principalmente el músculo masetero, lo que genera el rechinamiento o fricción de los dientes”.
Esta contracción sostenida no solo desgasta el esmalte dental, sino que también provoca dolor mandibular, cefaleas frecuentes, molestias cervicales e incluso alteraciones en la articulación temporomandibular (ATM).
Uno de los problemas más comunes es que el bruxismo suele pasar desapercibido durante años. “Muchos pacientes llegan con dolores de cabeza persistentes o fatiga crónica, creyendo que son problemas neurológicos. Sin embargo, al evaluar clínicamente, encontramos que sufren de bruxismo causado por niveles altos de estrés y ansiedad”, señala el especialista. Por ello, el diagnóstico oportuno resulta clave para evitar complicaciones mayores.
Avances tecnológicos y nuevas terapias
En los últimos años, la tecnología ha transformado el tratamiento del bruxismo. “Las nuevas tecnologías permiten un diagnóstico más preciso y un seguimiento eficiente del tratamiento. Esto es clave para evitar que el problema avance y se convierta en una fuente constante de dolor e incomodidad”, explica el director de Odontología de Unifranz. Hoy existen estudios digitales de la mordida, escáneres intraorales y análisis computarizados que permiten evaluar con exactitud la fuerza y frecuencia del apretamiento dental.
Uno de los avances más destacados es el uso de toxina botulínica (Botox) en casos severos. Aplicada de forma controlada en los músculos maseteros, reduce la fuerza de contracción involuntaria sin afectar la masticación. Este tratamiento puede disminuir hasta en un 70 u 80 % los episodios de bruxismo y aliviar el dolor en pocos días, siendo especialmente útil en pacientes con hipertrofia muscular o que no responden a férulas convencionales.
También han surgido férulas inteligentes y sistemas de biofeedback digital, que incorporan sensores capaces de detectar el apretamiento nocturno y emitir microvibraciones para inducir la relajación mandibular sin despertar al paciente. Estas tecnologías no solo protegen los dientes, sino que ayudan a reentrenar al sistema nervioso.
Tratamientos convencionales que siguen siendo eficaces
El abordaje actual del bruxismo es integral y personalizado. El tratamiento más utilizado sigue siendo la férula o placa de descarga, un dispositivo rígido y hecho a medida que se usa principalmente durante la noche. Estas férulas evitan el contacto directo entre los dientes, redistribuyen la carga muscular y protegen el esmalte, con una eficacia cercana al 80 % en la prevención del desgaste dental cuando se controlan y ajustan periódicamente.
A este tratamiento se suma la fisioterapia maxilofacial, que incluye ejercicios de estiramiento, masajes musculares y reeducación neuromuscular de la mandíbula y el cuello. Estas técnicas ayudan a disminuir la hiperactividad de los músculos masticadores y a corregir alteraciones posturales asociadas.
“El odontólogo está preparado para intervenir de manera integral. Desde la elaboración de las plaquitas de miorrelajación hasta la reestructuración de la dimensión vertical de los dientes, todo con el objetivo de devolver bienestar al paciente”, enfatiza Ibáñez.
Un enfoque integral para una mejor calidad de vida
El tratamiento efectivo del bruxismo ya no se limita a “cuidar los dientes”. Hoy se entiende como un problema multifactorial que requiere la combinación de odontología, fisioterapia, psicología y tecnología. Con un diagnóstico adecuado y un abordaje personalizado, es posible reducir el dolor, mejorar el descanso y prevenir daños irreversibles.
Como concluye Ibáñez, el mensaje para los pacientes es claro: el bruxismo tiene solución cuando se lo aborda a tiempo y de manera integral. Recuperar el equilibrio mandibular también significa recuperar bienestar, energía y calidad de vida.
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